Los niños son para toda la vida

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Tras décadas de ejercicio profesional como optometrista, una de las mayores satisfacciones es haber examinado la visión a niños que ahora convertidos en adultos, me traen a sus hijos. Me considero un optometrista de familia, cuido la visión a familias que me traen a los bebés, hijos o nietos, a los adultos padres o abuelos y a los mayores.

Desde el inicio de mi carrera profesional, la población infantil siempre estuvo muy bien representada en mi consulta, quizás porque desde el principio me encontré cómodo examinando la visión de los más pequeños y también gracias a la especial formación que recibí en The New England College of Optometry en Boston, donde me doctoré. He ejercido todas las otras áreas de la visión, pero sin duda el tener el privilegio de atender a los pequeños, seguirles y verlos crecer, convertirse en adultos, padres y confiarme a sus propios hijos, es indescriptible.

La tasa de natalidad en España es de las más bajas del mundo; la población infantil disminuye hasta niveles preocupantes desde muchas perspectivas, social, económica, etc. Sin embargo, sería un grave error interpretar este fenómeno como no conveniencia de dedicación a este grupo poblacional en disminución. El número de especialistas actual en visión infantil es insuficiente para atender la demanda especializada. Se suele compensar con la intervención de la pediatría o la oftalmología no pediátrica, con resultados frecuentemente mejorables.

No hace muchos años realicé una tesis doctoral que se basó en un estudio epidemiológico del estado de la visión infantil en un área de Madrid, donde completé una muestra de 1025 niños a los cuales pude identificar, clasificar y valorar su visión en áreas como estados refractivo y binocular, presencia y tipos de ambliopía y otros muchos datos. Tras un análisis tanto estadístico como de relevancia clínica, se evidenció un deficitario estado de cuidados de la visión de este grupo de edad.

La formación para considerarse especialista en visión infantil no es sencilla de obtener. Se necesita una preparación específica en todos los aspectos de la visión desde su desarrollo normal y anormal, sus formas de estudio clínico, las mejores alternativas de manejo y tratamiento, etc. El especialista en visión infantil ha de dominar las habilidades de comunicación y comportamiento en la consulta con el niño/a que unas se aprenden y otras tienen que existir previamente. Además, el profesional en formación ha de atender a cientos de casos pediátricos normales y también con anomalías de entre la gran variedad existente, de manera supervisada por especialistas de forma individual. Cuando el paciente pediátrico es atendido por no especialistas es frecuente oír como el examen fue abortado por falta de colaboración o al menos, fue un examen parcial que no incluía el estudio de áreas de la visión importantes. Es igualmente un hábito, el esperar a que el niño/a crezca y así facilite el examen visual realizado por el no especialista. Son obvios los motivos de la no idoneidad de tal práctica.

El módulo impartido en el Máster en Optometría Clínica y Hospitalaria que cubre esta especialidad es quizás, junto con el de Salud Ocular y Farmacología, el más exigente y que más dedicación requiere tanto de estudio como de exposición clínica. E, incluso así, solo la experiencia posterior y la formación continua conformarán un especialista pediátrico.

Constituirse en Optometrista pediátrico no es tarea fácil, pero la inversión dedicada recompensa durante décadas con el paciente más agradecido y que más satisfacción ofrece a un clínico.

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