“La visión pediátrica, la visión binocular y la terapia visual. ¿Una especialidad compleja o imposible?”.

Vision binocular

Estas tres áreas de los cuidados de la visión en conjunto probablemente supongan la especialidad de mayor complejidad de entre todas las que un profesional de la visión pueda ejercer. Es más, puede ser irreal que un solo profesional pueda abarcarla desde todas sus perspectivas.

Dedicarse a la visión infantil con todo lo que implica, a la visión binocular de todos los grupos de población sea cual sea su causa (desequilibrios funcionales, neurológicos, mecánicos, etc.) y a la terapia visual (entre otras opciones de tratamiento), requiere grandes conocimientos, capacidad y experiencia.

Solo realizar una exploración bien adaptada y razonada a toda la población, desde los recién nacidos a las personas de más edad, sin olvidarnos de la población especial, ya requiere unas competencias que pocas personas reúnen. A eso hay que sumarle el conocer todas las opciones de manejo clínico y saber personalizarlas a cada caso.

Con frecuencia algunos se autodenominan especialistas en “visión binocular», «visión pediátrica”, “oftalmología pediátrica”, “terapia visual”, etc., cuando en realidad abarcan un área parcial dentro de esta gran especialización.

La visión pediátrica, por ejemplo, implica conocer su desarrollo normal y anómalo desde el nacimiento hasta la adolescencia (en lo visual y en otros aspectos), saber explorar a los niños y valorar sus ojos y estado visual. También requiere saber determinar las mejores opciones prevención y tratamiento. Si sumamos el poder estudiar y tratar todas las afecciones de la visión binocular del conjunto de la población, tengan el origen que tengan, se entenderá mejor lo difícil que es que un solo profesional pueda abarcar toda la preparación y capacidad para llamarse “el especialista”.

En la modalidad presencial del programa Master en Optometría Clínica y Hospitalaria del Centro Boston de Optometría se cubren todas las áreas arriba descritas. Exponemos a los estudiantes a pacientes pediátricos y de todas las edades con trastornos de la binocularidad de todas las causas posibles, a los tratamientos ópticos con o sin prismas y a la terapia visual personalizada a cada caso. Además, se imparten sesiones de formación sobre los tratamientos oftalmológicos invasivos. Los alumnos adquieren una muy buena formación integral, que es necesaria pero no suficiente, para sentirse o llamarse especialista.

En mi opinión, la visión infantil y la visión binocular tienen tantas derivaciones y requieren tanta preparación que un solo profesional no puede hacerse cargo de la responsabilidad de la prevención, los diagnósticos y los tratamientos o manejos clínicos. Ni siquiera en unidades hospitalarias de “motilidad ocular”, “pediatría oftalmológica” u otras denominaciones, se cubren muchos de los cuidados que precisan estos pacientes. Sin embargo, por demografía y epidemiología está más que justificada la existencia de departamentos multidisciplinares compuestos por optometristas especializados, oftalmólogos pediátricos, terapeutas, etc., en los que además participen neuroftalmólogos.

Desde el Centro Boston de Optometría, podemos aportar la base imprescindible para que nuestros graduados optometristas puedan incorporarse en los equipos arriba citados y, de esa forma, adquirir una experiencia y comunicación interdisciplinar que redunde en los mejores cuidados visuales de la población que atienden.

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