La buena Atención Primaria de la Visión, sin fármacos… misión imposible.

Atención Visual Primaria y farmacología

En EEUU, el 85% de las consultas de atención primaria sobre la visión son atendidas por los más de 30 mil doctores en Optometría que ejercen en el país. La situación es parecida en Canadá, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y muchos otros países.

La Atención Visual Primaria comprende la educación a la población general sobre todos los aspectos de la visión. Incluye además la vigilancia, el diagnóstico y muchos de los tratamientos de los trastornos oculares y del sistema visual. Además, el Optometrista de Atención Visual Primaria interviene de forma directa o indirecta en la identificación y manejo (compartido con otros profesionales de la salud) de muchas condiciones con afectación sistémica.

Realizar un ejercicio profesional en Atención Primaria de la Visión con calidad requiere una formación especialmente diseñada para tal función. A los países arriba citados, que poseen una tradición histórica en este desarrollo, habría que añadir otros como Colombia, Países Bajos, Sudáfrica, más recientemente Suiza, los países nórdicos y otros. Igualmente, hace ya más de 30 años que en China se instauró la profesión de la Optometría (al mismo nivel académico que la oftalmología) con el fin de atribuirle los cuidados primarios de la visión.

El papel de los fármacos en Atención Visual Primaria

Desde los inicios del ejercicio de la Atención Visual Primaria en los países citados, el uso de fármacos se encontró entre las competencias profesionales de los optometristas que la ejercían. Se empezó (hace ya más de 4 décadas) con el derecho al uso de fármacos con fines exploratorios: anestésicos tópicos, midriáticos y ciclopléjicos.

Pronto, las necesidades de atención de condiciones oculares muy frecuentes, como son las alergias oculares, infecciones conjuntivales, etc. llevaron a una ampliación de competencias del optometrista para el uso de fármacos con fines terapéuticos.

Con el devenir de los años y la demostración de los grandes beneficios que para la población suponía la intervención del optometrista como agente primario, se han ido extendiendo las competencias en el uso de fármacos a agentes orales, inyectables (en algunos estados norteamericanos), tratamiento del glaucoma (todo EEUU) e incluso el uso de ciertas modalidades de intervenciones con láser.

Los avances en el conocimiento de condiciones muy frecuentes entre la población general como son los tratamientos de la inflamación basal en el ojo seco, la aplicación de calor sobre las glándulas de meibomio con diversos medios, la presencia del demódex casi endémica en población mayor, el control del avance de la miopía mediante atropina a concentraciones bajas, han dado más argumentos a favor del uso de la terapéutica farmacológica en la atención primaria.

Por otro lado, los fármacos usados con fines diagnósticos y especialmente aquellos que producen midriasis y/o cicloplejia permiten la identificación precoz de muchas condiciones prevalentes en la población general como las alteraciones vasculares, facilitan una buena valoración de las cataratas, la adecuada valoración de muchas afecciones de la población infantil como la ambliopía, el estado refractivo de ciertos estrabismos, etc.

El uso y aplicación de fármacos en la atención primaria y en el ejercicio del optometrista, llega más lejos con los nuevos desarrollos farmacológicos como el tratamiento de la presbicia mediante agentes tópicos (carbacol+brimonidina), las lentes de contacto como vehículos de administración de antimicrobianos, antialérgicos, hipotensores oculares, etc.

Ejercer los cuidados primarios de la visión sin competencias en el uso de fármacos pone al optometrista en una situación, a mi juicio, muy difícil pues le obliga a ejercer una tarea sanitaria sin los necesarios recursos.

Desde hace décadas oigo en España que la Atención Primaria ya está cubierta por la oftalmología. Los argumentos en contra son tan obvios que da pereza entrar a desarrollarlos, pero es algo que no se sostiene ni desde la perspectiva de la formación específica, ni de la organización sanitaria, ni de la económica, ni la logística, etc. Es más, el desarrollo de la Oftalmología del siglo XXI solo es posible cuando el soporte de la atención primaria de la visión es no sólo ejercido sino desarrollada por otros agentes como son los optometristas (una vez que poseen formación superior específica).

Desde la fundación del Centro Boston de Optometría, hace ya más de tres décadas, he venido intentando no solo informar de la necesidad de la ampliación de las competencias del óptico/optometrista español, sino que hemos educado a nuestros alumnos de Máster en este modelo y mostrado la evidencia de esta necesidad. Los más de un millar de graduados por el Centro Boston tienen al menos de la preparación. Muchos de ellos ejercen en medios diversos con el uso de fármacos, en España y otros países donde han reconocido su formación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *