Queratoconjuntivitis flictenular

La queratoconjuntivitis flictenular es una inflamación nodular de la conjuntiva o la córnea, que aparece como resultado de una reacción de hipersensibilidad a un alérgeno. En el siglo XX, en que la tuberculosis era una enfermedad de alta incidencia, esta reacción se asociaba a la proteína tuberculina. Los esfuerzos en salud pública en los países desarrollados durante las últimas décadas, hacen que a día de hoy, la tuberculosis sea una enfermedad de la que muchos apenas saben más que por la literatura y el cine. Siendo así, la tuberculina ya no es lo primero en que debemos pensar ante la presencia de una flicténula.

En España, otros países de Europa, EE.UU. y muchos tantos con altos índices de desarrollo, el antígeno más asociado a la queratoconjuntivitis flictenular es el Staphylococcus aureus.

¿A qué te suena este tipo de estafilococos? ¡Bien! A blefaritis. A la blefaritis estafilocócica. La llamamos así porque el patógeno más comúnmente aislado en esta condición es el que ya hemos nombrado, el estafilococo “dorado”. Esta bacteria libera toxinas responsables de la inflamación del borde palpebral y de los “collaretes” rígidos que típicamente aparecen rodeando la base de las pestañas en este tipo de blefaritis.

Bien, pues la blefaritis, con sus períodos de exacerbación y de remisión, pero habitualmente crónica, aumenta la exposición del tejido mucoso conjuntival y de la córnea a estas bacterias. Como en todas las reacciones de hipersensibilidad, el tejido huésped ha debido ser previamente sensibilizado. La blefaritis es el punto de partida de esa sensibilización y la queratoconjuntivitis flictenular es la respuesta.

Pero, ¿qué es una flicténula?

La palabra flictena significa ampolla, y es lo que realmente encontramos en la exploración. Una flicténula es una elevación redondeada blanca perla, con aspecto gelatinoso, que aparece en la mayoría de los casos, en la conjuntiva pero ligada al limbo corneal. Normalmente, no existe un espacio libre entre córnea y flicténula. La conjuntiva adyacente se presenta muy hiperémica y puede verse algún grado manifiesto de quemosis en la zona afectada. ¿Zona de preferencia? La de la fisura interpalpebral y mitad inferior corneal. Puede desarrollarse un único nódulo o nódulos múltiples a lo largo del limbo.

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Imagen de archivo de Southern College of Optometry

El paciente experimenta molestias de leves a moderadas, que se vuelven severas en los casos en que la flicténula penetra el tejido corneal presentándose más o menos alejada de la zona limbal. Según su posición, existirán quejas más o menos acusadas de fotofobia y alteración visual. Lagrimeo, picor y sensación de cuerpo extraño pueden ser otros síntomas del paciente.

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Imagen tomada de http://www.clinicalgate.com

Cuando la lesión es corneal, la flicténula puede quedar limitada a la córnea creando una ulceración del tejido y cierta neovascularización. En otras ocasiones, o siguiente episodios inflamatorios similares y limitados al limbo, pueden aparecer flicténulas “marchantes” o “caminantes” que se adentran en la córnea seguidas de un “camino” de neovasos muy marcado, como el que se aprecia en la imagen superior.

En nuestro diagnóstico diferencial, no  resultará extraño que pensemos en la necesidad de descartar pinguéculas inflamadas, epiescleritis nodulares y queratoconjuntivitis vernales, entre otras.

¿Cómo se trata esto?

Estamos ante una condición inflamatoria que como tal, requiere de tratamiento farmacológico antiinflamatorio. Las flicténulas responden bien al tratamiento con corticoides. En algunos casos recurrentes, la ciclosporina A es adecuada por su efecto terapéutico pero también por evitar los efectos adversos de los corticoides.

Además del tratamiento farmacológico, de lo que no podemos olvidarnos nunca es de que, al igual que en todas las reacciones alérgicas, lo más efectivo en prevención es evitar los antígenos. Así, el manejo de la blefaritis es la línea base de tratamiento para evitar las recurrencias. Higiene palpebral. Lavados matinales del borde palpebral y pestañas con algún jabón con pH neutro, será suficiente para mantener a raya el crecimiento bacteriano en casos leves a moderados. Los momentos agudos pueden requerir tratamiento bacteriano tópico, pero esto ya es tema para otro día.

😉

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